Y, probablemente, el error más grande que todos cometemos es que creémos perder las cosas y, en realidad, sólo las hemos cambiado de sitio.
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sábado, 5 de noviembre de 2011
A veces siento que quiero morirme, que no le importa a nadie y que solo soy un juguete para algunas personas. Ya no me quedan fuerzas...Me miro y solo veo a una niña que no llega a la adolescencia. Una niña que ya no quiere vivir, que no le queda nada por vivir. Nada que le haga aferrarse a la vida como si fuese una cuerda precipitandose al abismo. Ya no queda nada que me haga quedarme en este mundo en el que los vivos lo abarcan todo y no dejan espacio a los cuerpos sin alma.
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